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sep 9, 2010

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IMPORTANTE  ENCUENTRO

 

Hace unos días atendiendo una especial invitación de esta Federación, la señora Ministra de Educación accedió a tener un encuentro con la educación católica nacional y por supuesto provincial, en este se presentó la nueva estructura y organización del ministerio de educación y las actividades que esa secretaría de estado adelanta para cumplir el plan decenal de educación.

 

Mas allá de las importantes revelaciones que al tenor se hicieron, sin duda se crea la expectativa de cuál será el destino y rol que le corresponderá jugar en ese nuevo marco a la educación particular en general y católica en especial. Desde nuestra óptica es claro que el reto se viene grande, pues no solo que a futuro habrá que competir con la gratuidad de la educación, alimentación, vestido y textos que se ofrecen a los alumnos de la educación pública sino con los nuevos y altos salarios que el estado ofrecerá a sus educadores.

 

Nos queda como conclusión que debemos como educación católica trabajar fuertemente en la calidad y en la identidad de nuestros centros, se vuelve imprescindible agregar valor a la buena formación que entregamos, es tiempo entonces de generar políticas internas para seleccionar no solo maestros capacitados sino buenos formadores, no solo textos adecuados sino desarrolladores de las potencialidades de la inteligencia y del mundo axiológico y de principios en que nos desenvolvemos, no solo clases adecuadas razonablemente sino infraestructuras que permitan ser ámbitos amigables en los que crecer merezca la pena.

 

No es fácil, no es sencillo y la Ministra así lo reconoció cuando se le preguntara directamente cómo veía el porvenir de la escuela privada de bajos recursos, periférica o rural. Ante tanta sinceridad conviene comenzar a trabajar casa adentro para dimensionar las nuevas demandas y comenzar a caminar desde ya en la dirección que nos lleve a conseguir el gran objetivo que significa subsistir y permanecer.

 

Estamos claros y la Ministra así también lo manifestaba que el cambio de la educación pública no podrá darse de la noche a la mañana, que tomará tiempo acaso -decía ella- una década, nosotros pensamos que algo más; que ese lapso sea bien aprovechado por todos y cada uno de nosotros para poder ir haciendo de la educación católica particular una oferta de formación cautivadora que atraiga no solo porque se enseña bien sino porque se forme a la persona humana con valores y principios y en todos aquellos aspectos que han de decorar al nuevo ciudadano del siglo XXI.