Menú principal

dic 4, 2009

Artículos >> Educar en la Fe

Educar en la Fe

Hoy, mientras paseaba con mis hijos observamos un señor en una silla de ruedas, a quien yo conozco; luego de saludarlo y seguir en el paseo reflexionaba con ellos acerca de la interrogante de uno de mis hijos acerca del sufrimiento de ese hombre, yo les comentaba que él se sentía impotente y frecuentemente reclamaba a Dios por su sufrimiento que no alcanzaba a comprender por qué a él?, si siempre ha sido un hombre bueno, tiene ahora esa parálisis producto de un aneurisma cerebral; le pregunté a ellos acerca de los factores que impulsaban a aquél hombre a comportarse así y una me responde: la falta de fe, seguramente sus padres no se esforzaron por educarlo en la fe. Ciertamente mi hija tenía razón, el señor de la silla es una persona que no es católico y su vida la pasó sin darle mayor importancia a su crecimiento espiritual, y es ahí donde deseo realizar las siguientes aproximaciones acerca de la fe.

La fe es la primera virtud teologal, que son aquellas que ordenan el alma del hombre a Dios; la fe es el don que nos entrega Dios por medio del Bautismo para que creamos en El y en todo aquello que nos ha dicho y que se encuentra en las Sagradas Escrituras, así como todo lo que nos da a conocer y que nos explica por medio del Magisterio de la Iglesia que lo revela a través del Espíritu Santo.

La fe es creer en Dios, a quien no vemos porque es de naturaleza espiritual, que lo aceptamos porque por la sola razón o entendimiento humano no alcanzamos a comprender o entender en su verdadera dimensión, su existencia; santo Tomás de Aquino dice en el Himno al Santísimo Sacramento: “creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad. En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad.” Sólo por medio de los ojos de la fe podremos ver en la exposición del Santísimo la fulgurante presencia de la Santísima Trinidad rodeada de todos los Ángeles del cielo que le rinden honores y cantos.

La fe no es sólo un acto de la razón o entendimiento humano , la fe no sólo radica en la parte cognitiva del alma sino que es un acto en el que confluyen todas las potencias espirituales del hombre , por medio de la voluntad aceptamos la fe que Dios nos da, la fe nos permite conocer más a Dios y ese mayor conocimiento nos aumente aún más la fe, por lo que podemos decir que la fe se alimenta de la razón y esta se fortalece en la fe. Entre la fe y la razón existe una amistad natural, que son como dos alas que llevan al ser humano hacia la contemplación de la verdad porque Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de buscar la verdad y encontrarlo a Él que es la fuente de la Verdad y de la Vida.
Sólo por la fe podremos alcanzar la salvación, esto es llegar al mismo lugar de donde salimos antes de llegar a este mundo, a Dios, pero para ello es necesario que comprendamos que por medio de la fe se nos otorgan cuatro bienes :

a) El alma del hombre se une a Dios, por medio de la fe que recibimos de Dios, sube a Él nuestra comunicación, nuestra oblación, nuestra entrega; Santo Tomas de Aquino lo expresa: "sin fe es imposible agradarle, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan" . Por esta razón San Agustín, comentando a Romanos 14, 23: "Todo lo que no proceda de la fe es pecado", escribe: "Donde falta el conocimiento de la eterna e inmutable verdad, falsa es la virtud aun con las mejores costumbres" . Por lo tanto vana es la fe sino buscamos a Dios, sea por la oración, lectio divina o Eucaristía, todos los instantes de nuestra vida.

b) El segundo bien que le otorga la fe a nuestra vida es el inicio hacia la vida eterna, nos hace pensar en que todo nuestros actos, pensamientos y palabras deben estar orientadas a la consecución del fin último; esto es, la sustentación del movimiento escatológico del alma del ser humano, el Apóstol de los gentiles dice: La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. ; si no tenemos fe, no sabremos qué pasará con nosotros después de nuestros días, de ahí la angustia y sufrimiento del hombre al sentirse agobiado, enfermo o desahuciado. Sin fe nos alejaremos de Dios y la vida se nos oscurece cada día más y como consecuencia nos sobreviene la esclavitud al pecado y por último la muerte. El Apóstol dice: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.

c) La fe enseña al hombre a vivir con sabiduría, como lo dice el profeta: He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta, más el justo por su fidelidad vivirá” . Es necesario que el hombre, en su interior luche ferozmente para no dejarse imbuir por la triple concupiscencia de la que nos habla el Apóstol , que con frecuencia y certeza todo aquello nos arrastran hacia la oscuridad del pecado. La sabiduría ama al hombre y este la debe pedir insistentemente a Dios, quien es la misma fuente de la Sabiduría, así como dice Salomón: “es para los hombres un tesoro inagotable y los que lo adquieren se granjean la amistad de Dios recomendados por los dones que les trae la instrucción”.

d) Por medio de la fe el hombre logra vencer todo tipo de tentaciones que la vida misma le ofrece en bandeja de plata, que por no hallarse anclado en ella sucumbe ante el demonio revestido en todo aquellos que pueda estimular negativamente nuestros sentidos, los medios de comunicación son especialistas en eso, así como lo está la degradación social en la que nos encontramos; el Apóstol nos dice: “Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe” . Por lo que debemos esforzarnos por mantenernos alejados de todo aquellos que nos separe del camino que nos acerca a Dios. En el desenfreno sexual que nos encontramos, con las leyes que promueven aquel desorden mediante la teoría de los géneros, la legalización encubierta del aborto, de la transexualidad, de los divorcios, de la falta al matrimonio, de las uniones libres, todos aquellos relacionados con el pecado de la carne, nos hace pensar fuertemente en lo que dice el Apóstol: Efectivamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu, vida y paz, ya que las tendencias de la carne llevan al odio a Dios: no se someten a la ley de Dios, ni siquiera pueden agradar a Dios.

Por todo lo anteriormente expuesto se hace necesario, para cuidar y alimentar la vida interior de las personas y prepararse espiritualmente para lograr vencer todas las adversidades de la vida, hacer como norma de conducta lo que dice el Apóstol de los gentiles: “nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes. ¡En pie!, pues; ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza, calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno. Tomad, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos”.

Todas las aproximaciones que hemos analizado anteriormente son los fundamentos que los padres deberíamos de tener presente para hacerlos ejemplo de vida de la fe cristiana al interior del hogar, porque siendo la familia modelo de iglesia doméstica es necesario que impulsemos en nuestros hijos, más por medio del ejemplo, la formación de la fe en ellos, sin quitar el mérito de la orientación oportuna; la verdadera herencia que los padres podemos legar a nuestros hij